20
Nov
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Llámanos locos

Alguien a quien admiro me dijo una vez que en este linaje todos han nacido con la constancia en su ADN. Todos son tercos, y todos son pacientes. Incluso algunos se atreverán a decir que todos están locos. Y no voy a ser yo quién les intente quitar la razón, porque si algo he aprendido en el tiempo que llevo descubriendo el fascinante mundo de la especie maratoniana, es que por muy razonable que intentes ser, la locura es un exquisito placer del que se alimentan los mejores recuerdos.

De esta persona también aprendí que son los más incrédulos los que tachan de locura aquello que otros consideran pasión, y que cualquiera en su sano juicio haría oídos sordos a los que os crean incapaces y os intenten convencer de que no está a vuestro alcance. Porque por muy demente que les pueda parecer, se equivocan.

¿Jerarquías? No señores, aquí no hay de eso. A estas alturas ya debéis saber (o lo estáis descubriendo en este mismo instante) que todos han de pasar por el mismo proceso de aprendizaje, sufrir los fatigosos días de entrenamiento y batallar prácticamente a diario contra la holgazanería y los caprichos climáticos. Y que estéis leyendo estas líneas me hace sospechar que vuestra próxima aventura está en Madrid.

Pues bien, cuando estos cinco meses hayan expirado y os halléis en la línea de salida, el camino que os aguarda no va a ser diferente del que le espera al que tenéis a 30 metros por delante. Ni al del que está por detrás. Y la meta recibirá al primer corredor igual de gloriosa y con el mismo alborozo con el que recibirá al último. Y esta bendita pasión es la que os acompañará en los meses que nos quedan para hacer más grata vuestra senda rumbo a la capital.

Además, habéis de saber que vosotros sois los más dichosos de todos los de vuestra especie, y que, si al final las malas lenguas resultan tener razón y en este “mundillo” la locura nos ha consumido, no reneguéis de ella.  Es vuestra, que nadie os la intente quitar, que no os la toquen. Disfrutarla en cada paso, cada metro, cada kilómetro. Que sea la llama que reviva vuestro coraje cuando el cuerpo amenace con abandonar. Que sea la causante de algunos de los momentos más felices de vuestra vida. Porque vosotros, maratonianos afanosos de kilómetros que no reten solo a vuestras piernas, sino también a vuestra alma, hallaréis en Madrid mucho más que una carrera. Hallaréis un lugar donde lo que sí que es de locos, es llamar locura a aquello que nos hace soñar.

 

 

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