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Realismo Mágico

Siempre me gustaron las contradicciones. Creo que son la base para una correcta convivencia. Digo una cosa, hago la otra… Pequeñas indulgencias con nosotros mismos, seres imperfectos.

ALBERTO HERNÁNDEZ: Redactor Jefe de la revista Runner’s World, comentarista de televisión y locutor en alguna de las carreras populares y eventos atléticos más prestigiosos del país.

Quizá por eso me atraen las expresiones de sentido contrapuesto. Todavía recuerdo aquella clase de literatura en la que llegó a mis oídos el ‘Realismo Mágico’. García Márquez, Juan Rulfo o cualquiera de esos campeones mundiales de la pluma haciéndote creer que la gente podía salir volando por la ventana o entablar un animado debate con alguien fallecido hace la tira de tiempo. Realismo, el tedio de todos los días. Magia, lo que ansiamos que suceda constantemente. Aferrarse a su fusión es un ejercicio de supervivencia.

Pensaba que solo era cosa de altas letras; equivocación mayúscula. En el mundo del correr abundan los personajes con infinita capacidad para fabular. Te los topas en cada parque, en cada recogida de dorsal, en cada mesa con más de un cuñado adicto a calzarse las zapatillas. El cronómetro dice una cosa, pero ellos interpretan otra. El asfalto A, ellos B. La báscula no miente, pero la tildan de embustera… Y así hasta completar un volumen no más largo que Cien Años de Soledad, pero casi.

¿Por qué los corredores somos tan amigos de la fantasía? Sinceramente, no creo que sea con mala intención, pues la puerilidad es la que preside estos pequeños envites a lo obvio que ni siquiera Internet, con su irrefutable habilidad para desentrañar el más complejo de los datos, ha logrado aplacar. Todos tenemos ese amigo que el año pasado decía poseer 39 minutos en 10K hace cuatro temporadas. Le frecuentamos a menudo y, de repente, cuando vuelve a surgir la conversación, la marca ha disminuido hasta los 37. No sé, tal vez a fuerza de soñar medio despierto, de apretar fuerte los puños cerrando los ojos… O ese otro que fue décimo en tal carrera, cuando era joven y, según caen las hojas del calendario, sube posiciones en la clasificación. A lo mejor sucede como con los profesionales, que pillan a dos tomando del frasco y eso que se lleva para el currículum el que viene detrás.

En lo que respecta al futuro se actúa bajo las mismas directrices que en el revisionismo del pasado. Voy a… bajar de 3 horas en maratón cuando mi mejor registro es 3:45, porque haciendo la cuenta de la vieja en una calculadora de ritmos pienso que sí, que se puede. Romper la barrera de los 40 minutos en 10.000m, aunque en la series de mil sudo tinta para ir por debajo de 4:10. Está claro que a base de retos se avanza, pero hay que tener un poquito de cuidado a la hora de manejar los libros de autoayuda y los eslóganes de las multinacionales. No todo el mundo puede hacer cualquier cosa que se proponga. Para nada es un drama; es precisamente la llave a la felicidad, sea lo que sea la felicidad.

El comienzo de curso atlético es el momento idóneo de, en el caso de reconocernos bajo estos defectillos veniales, cambiar la zancada. Correr para nosotros mismos, por impúdico placer. Medir con tiento la distancia entre el corto, medio y largo plazo. Blandir la espada del sentido común y batallar por las cosas que sabemos a nuestro alcance, ahorrando la energía que supone estamparse contra muros mucho más dañinos que el de Filípides. No hablo de renunciar a ningún sueño; hablo de que sean los nuestros, que no nos los alquile nadie. Hablo de alegrarse de que, a veces, la realidad pueda ser asombrosamente mágica.

 

Alberto Hernández

 

 

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