Madrid, Madrid, Madrid. – Blog Oficial
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May
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Madrid, Madrid, Madrid.

Pensamos en ella todos los que sabemos que 42 km castigan el cuerpo pero rejuvenece el espíritu. Los amantes de las cosas que se parecen bastante a lo imposible, los que saben que un desafío sencillo no merece llamarse desafío.

Redactor de la revista Runner’s World, comentarista de televisión y locutor en algunas de las carreras populares y eventos atléticos más prestigiosos del país.

Lo que más me fascina de este maratón es su capacidad de aglutinar voluntades y establecer nexos de unión entre locos que andamos (perdón, corremos) cada uno con nuestro tema. En unos tiempos convulsos donde muchos pretenden sacar tajada de nuestras diferencias conviene refugiarse en un evento que nos invita a celebrar nuestras semejanzas. El penúltimo domingo del cuarto mes del año todos seremos de aquí, de Madrid. Independientemente de que hayamos nacido en Badajoz o Tucson, Arizona.

Es una prueba que vale su peso en oro, y eso nada tiene que ver con la Gold Label concedida por la IAAF (el máximo organismo del atletismo mundial), un galardón que sitúa al EDP Rock ‘n’ Madrid Maratón & ½ (es que grande tiene hasta el nombre) a la altura de las fiestas más prestigiosas de los 42,195 km. Sí, hablamos de Nueva York, Londres, Berlín… Estamos ahí, en el club privado de los que mejor hacen las cosas, conviene recordárselo a los incrédulos que piensan que solo tiene un brillo especial aquello que reluce más allá de los Pirineos.

Madrid fue el punto de partida, el origen de lo que ahora llamamos running, el primero en alzar la voz contra los casposos que se apostaban en la aceras para gritar a los soñadores: “¡¿A dónde os creéis que vais con esas pintas?!”. El antiguo Mapoma les dio razón de ser, legitimó sus esfuerzos, aplaudió la entereza con la que hacían frente a los cobardes, que no son aquellos que salen corriendo, sino los que se quedan parados, incapaces de entender hacia donde soplan los vientos del progreso.

Este maratón (o esta maratón, nos consta que son legión los que prefieran el tratamiento femenino) lo comprendió al instante, por eso el chotis comparte escenario con el guitarreo eléctrico desde hace más de un lustro y cada curso se incorporan al formato todas aquellas novedades que puedan ratificar la decisión de adquirir un dorsal.

Aquellos que piensen que esto va solo de hacer deporte están equivocados. Alargar la zancada, mirar el crono, circunscribirse a un ritmo crucero… Es fundamental, pero no es ‘lo fundamental’. Porque hay gente que, por desgracia, tiene otras cosas en la cabeza que nada tienen que ver con el desgaste de suela. En ellos se piensa. Y más de uno, y más de mil, corre por los que no pueden correr. ¿Quieren una razón para presumir? No, ni hablaremos de marcas, ni de inscritos, ni de atletas ilustres… Hablaremos de que estamos ante el maratón más solidario de la Península, el que más euros destinada a causa benéficas a través de la múltiples iniciativas que hacen que, entre todos, ayudemos a superar problemas más importantes que un mísero muro a la altura del kilómetro 30.

No estamos ante una competición elitista. Todo lo contrario. Si a los organizadores les das a elegir entre un crono que de la vuelta al mundo y más de 30.000 personas caminando con su medalla tres palmos por encima del suelo, me da que los flaquitos súper dotados tienen la batalla perdida. Se cuida a los más rápidos, por su puesto, pero exactamente igual que a los más lentos. De hecho no se discrimina ni a los que no saben que se siente haciendo torcer el brazo a Filípides. Porque no, no es necesario ser maratoniano para ser de Madrid. De ahí el hermano pequeño, el 10K (el primero en agotar plazas) y el mediano, los 21,097 km, que se ha convertido ya en una de las pruebas más relevantes de esa distancia en el Viejo Continente.

Y lo de siempre. La comidilla de cada cerveza post rodaje largo… ¿Es duro Madrid? Pues hombre, sinceramente, no. Es verdad que tiene cuestas, aunque este año menos, porque con el nuevo trazado, acabando a la vera del Museo del Prado, se suaviza mucho el perfil. Es verdad que la altitud no invita a tirar cohetes, pero la urbe está localizada a más de 600 metros y, oye, es complicado moverla. No menos cierto es que el récord se sitúa en menos de dos horas y diez minutos (2:09:15, Ezequiel Chebii), lo que quiere decir que si estás para mover las piernas… las acabas moviendo.

Lo ratifica el hecho de que son muchos populares los que han firmado su mejor actuación en las calles del Foro (la mayoría cuenta que ante la exigencia de algunos sectores del recorrido salieron conservadores en el primer tramo, con lo que las fuerzas no estaban demasiado mermadas al final). Esto es como la vida misma, no es plana, tiene ondulaciones, de lo contrario sería aburrida y monótona, un suplicio de tamaño considerable; así que la goza mejor el que sabe adaptarse, el que sabe cuando toca levantar el freno de mano y cuando lanzarse a tumba abierta. Emil Zatopek (escrito puesto en pie, por supuesto) decía que “si quieres correr, corre una milla. Si quieres vivir una experiencia, corre un maratón”. Conociendo a la Locomotora Humana no creo que hubiese amilanado ante el desafío de vivir esa experiencia en las calles de Madrid… Como tú tampoco lo has hecho.

 

 

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