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La vida, una maratón

¿Te imaginas a un chico con hemiparesia corriendo los 42K? Mi nombre es Jesús Juárez y esta es mi historia.

Desde que tengo uso de razón, siempre he estado rodeado de médicos y fisioterapeutas. Para empezar, fui un niño prematuro, nací a los 6 meses al romperse la bolsa amniótica, lo cual acarreó numerosos problemas.

Era tan pequeño que cabía en la palma de una mano y llegue a usar ropa para muñecos.

Mi primera batalla fue nada más nacer: sufrí un derrame cerebral y así, sin fuerza alguna,  tuve que enfrentarme a la muerte cada día, pues en aquellos meses mi vida pendía de un hilo. Esto provocó que el hemisferio izquierdo de mi cerebro dejara de funcionar y, por tanto, mi pierna y brazo derechos quedaran paralizados. Lo denominaron Hemiparesia Derecha.

Una vez estable, estuve un mes y medio en la incubadora,  sin saber qué secuelas, me iban a quedar, tanto física como psíquicamente.

En cuanto a mi infancia,  todo fue muy complicado. Me caía a cada paso, no era capaz de coordinar mis movimientos ni para mantenerme en pie y andar, no podía hacer lo que un niño normal.

Recuerdo estar en el parque y ver a mi madre darse la vuelta para que yo no la viera llorando porque yo no podía subir a los columpios como los demás niños; recuerdo a mis padres mirarme con una sonrisa de oreja a oreja y lágrimas en los ojos mientras me levantaban del suelo una y otra vez, pero rendirse nunca fue una opción para ellos.

En todo este tiempo, lucharon conmigo e hicieron todo el esfuerzo posible para que yo fuera progresando; repetimos cada día la misma rutina: rehabilitación, inyección de toxinas botulínicas, médicos, psicólogos, aparatos para poner la pierna y la mano en funcionamiento… y he de decir que nada de todo esto fue precisamente barato.

Como consecuencia de todo ello, mi autoestima estaba hundida, me encontraba en depresión, solo en mí, sin entender muy bien por qué me ocurría aquello. Hasta que un día, uno de mis tíos, que es maratoniano desde hace años,  me dijo “Algún día, tú correrás la maratón.” y entonces todo cambió, empecé a aceptarlo, porque es algo con lo que tengo que vivir el resto de mi vida, a aceptarme a mí mismo e intentar cambiar la percepción que tenía de la vida.

Con mi esfuerzo y el de los que me rodeaban, empecé a andar, a entrenar la mente para mejorar mi coordinación.  Incluso pedí ayuda a mi fisio para hacer ejercicios que me acercaran a mi objetivo:poder correr. Recuerdo que ella siempre me decía “Piensa en todo momento que vas a dar un paso y así, cada vez te caerás menos”.

A cada día que pasaba, crecían mis ganas de luchar por ello, caía y me levantaba, no dejaba de repetirme una y otra vez “tú puedes hacerlo” y empecé a sentir que de verdad podía hacerlo.

No fue hasta el verano de 2016 cuando decidí apuntarme a la maratón con mi tío, José Nicolás, y mi pareja, Carmen. Estuvimos entrenando, contando los días en el calendario para que llegase el gran día y lo cierto es que el tiempo pasó muy rápido.

Llegado el día anterior a la carrera, fuimos a recoger los dorsales con una sensación de estar en un sueño y aquella noche no dormí nada por los nervios de estar a apenas unas horas del día que tanto esperaba.

 

El día 23 de abril de 2017 llegó al fin y yo no podía creer que ese día iba a cumplir el sueño de mi vida. A cada paso que daba durante la carrera tuve una sensación que no había tenido nunca antes: Madrid se vestía de Rock&Roll, vinieron más de 20 familiares a vernos, y nunca me alegré de tanto de ver a mis padres, Reme y Michael.

En el km 30 me dí contra el famoso muro, me dolía todo el cuerpo, sobre todo la rodilla derecha y en ese momento, mi  mente solo podía pensar en todas esas personas que me hicieron llegar hasta allí, así que saqué fuerzas de donde no las había y seguí adelante.

Llegué al Retiro con la piel de gallina y los ojos llenos de lágrimas.

Mi chica y yo entramos a meta agarrados de la mano, con la emoción a flor de piel porque lo logramos. En ese segundo, giré la cabeza y vi a mi familia aplaudiéndonos y a aquella mujer valiente, luchadora con lágrimas en los ojos que siempre fue, es y será mi heroína; mi MADRE.

Desde entonces he aprendido que cuando cambias la percepción que tienes de ti mismo, la realidad también cambia y que la vida es como un maratón. No importa lo bien preparado que estés, todos nos damos contra el muro y nos caemos alguna vez, pero nos tenemos que levantar con más fuerza y luchar por seguir adelante.

En 2018 la correré de nuevo, nos vemos el 22 de abril en Madrid.

 

Jesús Juárez García