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Kilómetros de felicidad: La historia de superación de José Manuel y Pablo Roás

Las genialidades del destino a veces suceden en un momento y de una manera inesperada, y se crean historias de las que dan la vuelta al mundo para convertirse en ejemplos de superación y valentía. Cómo la de José Manuel Roás Triviño, un profesor y padre de familia que reside en Sevilla y su hijo Pablo, que padece la enfermedad de West. Juntos descubrieron que ganar, para ellos, significa otra cosa.

Esta historia comenzó de una forma espontánea, una tarde de verano. Sin haberlo probado antes, José Manuel, habitual corredor de las pruebas sevillanas, decidió practicar el deporte que le gusta acompañado por su hijo. Comenzó a correr empujando la silla de Pablo y de pronto sucedió algo maravilloso. La alegría que iluminaba el rostro de Pablo descubrió a José Manuel un vínculo entre ellos que desconocía.

Y desde entonces no han parado. Son el equipo perfecto y el deporte ha pasado a ser una parte fundamental dentro de sus vidas desde que lo comparten.  Para José Manuel, correr se ha convertido en cosa de dos: “Salir solo en carrera a mí no me llena. Si Pablo no está, le echo de menos, no disfruto tanto de la experiencia y es frustrante. Para mi correr va ligado a Pablo”.

Después de completar su primer maratón, ambos se dieron cuenta del privilegio que tenían. No hay un tiempo que cumplir, ni una marca que lograr. José Manuel va pendiente de cuántas palmas ha chocado Pablo o cuánto ha sido capaz de reírse. Entre todo el griterío de las carreras, la felicidad de Pablo siempre es destacable, y eso, para un padre, es la medalla más valiosa.

Para ellos, ganar queda lejos de sus deseos. Su único objetivo una vez que se plantan en la línea de salida es exprimir cada kilómetro y disfrutar de algo que va más allá del deporte. Juntos crean una escena de amor y fortaleza digna de ver. El aliento y el sudor de José Manuel se mezclan con la naturalidad, fuerza y felicidad de Pablo en cada carrera, convirtiéndola en una experiencia inigualable.

Su día a día tampoco se basa en estrictos entrenamientos ni en objetivos firmemente marcados, sino en salir a lo que José Manuel llama “andar un poquito más rápido con Pablo”, a disfrutar de cada día y siempre juntos.

Descubrir esta unión con su hijo ha sido para José Manuel una bendición en todos los sentidos, ya que asegura que, a pesar de todas las dificultades, Pablo siempre lo pone fácil; “Pablo es un ángel. Es el ángel de la casa. Es quien te anima a tener los pies en el suelo, a entregarte, a darlo todo. Y para mí no hay nada más satisfactorio que darlo todo por él”.

Esta historia de superación y de amor nos recuerda que no hay metas imposibles, y que lo más importante es el camino recorrido y el que aún queda por delante. La vida está llena de dificultades y muros que van construyéndose a nuestro alrededor, pero que algunos muros han de saltarse para descubrir las maravillosas vistas que hay al otro lado.

 

 

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