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El compromiso del runner

Una pregunta común antes de prepararse para una competición atlética es: ¿cuántas semanas de entrenamiento necesito?

Por muy rápido que hayas decidido llegar a la meta el día de una prueba atlética (tanto si tienes planeado liderar el pelotón como ir escalando posiciones desde el final), hay una cosa que todos tenemos claro: hay que entrenar. Y el entrenamiento va mucho más allá que el mero hecho de ponerte unas zapatillas de running y salir a correr cierta distancia todas las semanas. No basta con llevar a cabo un entrenamiento físico exigente, compuesto de arduas y largas carreras. Por supuesto, correr es la parte fundamental, pero entrenar supone más responsabilidades. Entre ellas, conocer las claves de la recuperación, nutrición, masaje, trabajo de fuerza y, un componente importante sin duda, la preparación mental.

Un maratoniano debe ser, ante todo, una persona comprometida. El logro no se consigue en las 3, 4 o 5 horas que invertimos en la prueba, si no gracias a todas las mañanas, tardes y noches que hemos salido a entrenar. Las semanas de entrenamiento dependerán del nivel de experiencia y del historial previo de la persona. Evidentemente no es lo mismo empezar siendo novato con las zapatillas que llevar una firme base de kilómetros acumulada. Sea cual sea tu nivel de capacidad, el principal objetivo de cualquier corredor debe ser mantenerse sano y sin lesiones durante todo el proceso de entrenamiento. Recuerda, si no puedes entrenar a pleno potencial, tampoco podrás rendir al máximo el día de la competición.

Como mínimo, incluso un corredor experto, con muchos kilómetros a sus espaldas, (y que corre entre cuatro y siete veces a la semana) necesita unas 12 semanas de acondicionamiento específico para correr un medio maratón, y 16 semanas para un maratón.

En el caso contrario, un runner novato, con poco o ningún historial en carreras atléticas, puede que necesite 6 meses de entrenamiento para lograr terminar un medio maratón y tal vez un año para estar preparado y en condiciones físicas aptas para correr un maratón. La mejor opción es establecer un correcto plan de entrenamiento basado en la distancia, la disponibilidad de tiempo y la experiencia.

La regularidad es la clave del éxito, sea cual sea tu nivel de capacidad, y la mejor manera de mantenerla es adoptando un planteamiento gradual para desarrollar la distancia que te has propuesto.

Al igual que una casa no se puede construir por el tejado, tampoco se puede comenzar con carreras largas y duras  sin una fuerte base de kilómetros a tus espaldas. Ten en cuenta cuando establezcas tu plan de entrenamiento que lo mejor es hacerlo de forma gradual. No te apresures porque puedes sobrecargar tu cuerpo. Y ve variando. De carreras suaves y fáciles a carreras más largas, trabajos de velocidad, series en cuesta, etc.

E importante: después de correr, vuelve a la calma, pero no te pares. Camina durante 5 minutos o más una vez que hayas completado tu entrenamiento y bebe o come algo. Esto ayudará a tu cuerpo a recuperar el aliento y devolverle sin peligro la frecuencia cardíaca hasta un nivel de reposo.

Recuerda también realizarte una prueba de esfuerzo en un centro médico, para descartar cualquier patología, y por tanto, entrenar y competir con garantías, de forma saludable y responsable.

 

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