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May
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Caminos que llenan el alma.

Normalmente antes de comenzar un relato, una crónica o un post piensas un título, un enunciado que en pocas palabras sea capaz de sintetizar el contenido de lo que vendrá después, ya sea más corto o más largo, un título que invite al lector a emprender la lectura con curiosidad, incluso con cierta ansiedad, para, como es el caso, averiguar como ha ido, pero han sido tantas vivencias en tan pocas horas, tanto lo sentido, que lo más difícil paradójicamente es darle a este post un título que estuviera a la altura, y que mejor que llamarlo simplemente, Maratón de Madrid.

Este año volvía a ser especial, y todo gracias al proyecto #MAPOMAmbassador que me ponía en la trayectoria de Jesús Juárez, un chico de 19 años recién cumplidos, con una hemiparesia derecha que tenía como propósito completar su segundo Maratón bajando su mejor marca personal hasta las 4:30 horas, un objetivo sin duda ambicioso sabiendo que el primero lo completó en 5:30.

Nos conocimos en febrero y tocaba trabajar durante dos intensos meses las distancias largas, los ritmos, conocernos en carrera y sobre todo saber que ocurriría llegado cierto punto en el que Filípides nos mirara directamente a los ojos, cuando el verdadero maratón comenzara… Esto sólo se averigua entrenando, hablando, poniendo sobre el tapete, en este caso sobre el asfalto, nuestras dudas, sacando a la luz nuestras debilidades, nuestras limitaciones y haciéndonos fuertes zancada a zancada.

Con el trabajo hecho sonaba el teléfono 10 días antes del gran día, Jesús se lesionaba en su pierna izquierda y se convertía en seria duda para correr su maratón, tocaba empezar a remar contra corriente antes de lo esperado y ponerse en manos de los mejores profesionales para intentar llegar a la línea de salida en las mejores condiciones posibles y sólo los mejores son capaces de hacer posible lo imposible y Jesús lograba colocarse en la ansiada línea del Paseo de la Castellana a la hora programada.

No es esta precisamente una crónica al uso sino más bien de sensaciones, de momentos clave y el primero de la carrera lo tuvimos en Bravo Murillo, kilómetro 8, y una inoportuna caída que daba con Jesús en el suelo, unos mili segundos de dudas, nada más, Jesús se levantaba, sacudía el polvo de su ropa mientras lavábamos la herida de la rodilla de su pierna derecha y volvía a ponerse en ritmo, este niño nos demuestra que dejó de serlo hace mucho, que es un hombre curtido prematuramente y que donde otros habrían abandonado él surca una nueva muesca camino de su objetivo, la carrera proseguía según lo entrenado.

Muchas risas, saludos a amigos y a compañeros corredores que comparten con nosotros zancadas, seguían pasando los kilómetros, el calor comenzaba a tomar protagonismo y éramos conscientes de ello, un nuevo e inesperado elemento a tener en cuenta… Callao marcaba el ecuador de la aventura y Jesús se abrazaba a sus padres, todo bien, hemos trabajado para llegar a este punto en buenas condiciones y lo tenemos, Sol nos espera y Filípides más allá también querrá saludarnos, es una cita ineludible, esperada, dolorosa y emocionante.

La Puerta del Sol pasaba en un suspiro, mil voces en una entonando el grito de ánimo necesario para afrontar el camino que queda, un merecido baño de multitudes sin dejarlo trasladar al ritmo, debemos ser conservadores, seguir la misma línea de trabajo, es complicado cuando el público te hace sentir único entre tanto igual, Madrid entero rendido a tus pies y el centro de la capital un clamor.

Pasábamos Sol y las calles Mayor y Bailén daban paso a una tediosa Ferraz, “Jesús, sube a ritmo, acompaña la cuesta” le decimos, no fuerces más de la cuenta y deja que la cuesta pase bajo tus pies, al poco nos encontrábamos llaneando y bajando por el Parque del Oeste soltando los brazos y contando los kilómetros que nos quedan, desde Callao no sumamos, restamos, y la entrada en la Casa de Campo nos indica que estamos a 14 kilómetros del objetivo.

Los kilómetros de la Casa de Campo, sin el bullicio de la capital, sólo al compás de nuestras zancadas, se hacen largos, duros… Nadie dijo que fuera a ser fácil, toca hidratarse y remar, llega el momento de correr con la cabeza, las piernas no parecen querer y es la hora de sacar el resto, el apoyo de los amigos de “A Ritmo de Maratón”, Luis Blanco y Samanta Chocrón, que nos dieron la oportunidad de conocernos y embarcarnos en esta aventura están en la horquilla de la CdC animando y fotografiando. Mirada al frente sacamos pecho, encaramos los metros finales del santuario del runner madrileño, estamos en la Avd de Portugal y apenas nos quedan 7 kilómetros.

Llegando al Puente de San Isidro escuchamos a lo lejos una voz amiga, muy conocida. Ángel (Contador de Kilómetros) nos espera micro en mano para darnos un abrazo junto a su hermana Lore, es inevitable quebrar la voz, estamos tocando algo grande aunque parezca que los dedos no nos dan para abarcarlo. Nos hidratamos y comemos frente al Calderón mientras se nos une un integrante de los Bomberos Unidos Sin Fronteras para acompañarnos estos últimos 4 kilómetros.

Encaramos la cuesta de la calle Segovia y casi sin darnos cuenta enfilamos Embajadores. “Mira Jesús, ves al fondo? Es Atocha tío…como huele a meta!!!”.
Trotamos entre los ánimos del público, cada vez más cerca de la Plaza de Carlos V, a punto del ansiado giro a la izquierda, hacia el Paseo del Prado, nuestro integrante favorito de BUSF se despide de nosotros, gracias amigo, te comprometiste hace días a venirte con nosotros y acudiste puntual a la cita… Suelto la mano a Jesús, ha llegado el momento, el punto en el que el cansancio y el dolor desaparecen. Estamos en la recta final, la recta de meta, Paseo del Prado, público a ambos lados, gritos, música, esos últimos 195 metros de gloria que no quieres que acaben nunca aunque lo estés deseando…

Y pisamos la alfombra roja, a la derecha los padres y amigos de Jesús, orgullosos saludan y animan y esperaban impacientes. Justo en el arco de meta vemos a nuestro Ángel de la Guarda, Cristina, (sabes bien por qué te llamo así) y a la fotógrafa más guapa de carrera, Marta… Y digo en voz alta: “¡¡Jesús, disfrútalo amigo, lo has conseguido!!”

 

Sólo atino a decirle esto, se me quiebra de nuevo la voz, el orgullo, la alegría de ver a mi amigo cumpliendo su objetivo de llegar a meta bajando incluso su tiempo a pesar de la adversidad… las sensaciones se acumulan en avalancha, pasamos bajo el crono y las cámaras nos rodean. Objetivo cumplido, aplausos, risas, lágrimas, hacemos el arquero, nos lo debíamos, era la gansada planificada desde hacía muchos kilómetros antes…

Pero lo mejor de todo, nuestro abrazo, el abrazo que sellaba y ponía un broche final a un maratón de oro, a una aventura que me ha enseñado a no poner jamás límites a mis sueños, porque un hombre, encerrado en el cuerpo de un niño me ha enseñado a caer y levantar y a sonreír a la adversidad.

 

Toda una lección de vida. Gracias Jesús, gracias AMIGO.

 

Raúl Rubio (@Korrecamino)

http://elrincondelkorrecaminos.blogspot.com